Uno de los principales focos de la comunidad científica en la última década ha sido la prevención del envejecimiento y las enfermedades asociadas al envejecimiento. Específicamente los estudios se han enfocado en la relación entre el estrés oxidativo (EO) y el envejecimiento ovárico. La acumulación de especies reactivas de oxígeno (ROS) a niveles suprafisiológicos conduce a la fragmentación de ADN, peroxidación lipídica, oxidación de proteínas y disfunción mitocondrial en las células de la granulosa (CG). Por todo esto, el EO ha sido relacionado con la sintomatología del climaterio y la etiología de diferentes enfermedades crónicas, tales como el cáncer de ovario, el síndrome de ovario poliquístico y la endometriosis. Para prevenir el envejecimiento precoz y acentuado, se han explorado diferentes estrategias. Diversos estudios han respaldado la eficacia de la suplementación con coenzima Q10 y resveratrol, así como de los tratamientos hormonales con melatonina y hormona de crecimiento. En los últimos años además, el uso de células madre mesenquimales han emergido como un posible enfoque terapéutico para el envejecimiento ovárico.